Viaje al país de los blancos

Ousman Umar llegó en patera a nuestro país y hoy es un referente de superación y de ayuda a la formación de ghaneses. Su experiencia vital es una historia sobrecogedora sobre el largo camino de migración que tuvo que recorrer durante cinco años hasta llegar a Barcelona. con agradecimiento, reproducimos aquí la entrevista que le hizo la revista “Estrip”, el magazín que recoge información y divulga el trabajo que hacen los Asociaciones sin ánimo de lucro de la ciudad de Vic y la comarca de Osona.

 

Joan Turró.- Ousman Umar estuvo en Vic para presentar un libro muy impactante. Está lleno de dolor y de muertes, pero es su manera de explicar al mundo que su fortuna como superviviente es recordar aquellos sacrificios y evitar que se repitan. Vive en Barcelona desde hace trece años y su obsesión es ayudar a la formación intelectual de sus compatriotas ghaneses a través de su ONG Nasco Feeding Minds. Ousman es un apasionado en su campaña y en su lucha: “Después de descubrir que los blancos no son ingenieros por ser blancos, sino porque han estudiado, entendí que querer es poder”.

Has escrito el libro “Viaje al País de los Blancos” (Penguin Random House, 2019).

Viaje al País de los Blancos recoge parte de mi vivencia desde que salí de Ghana en 2001 hasta que llegué aquí. Un viaje que duró prácticamente cinco años. Mis experiencias y vivencias concretas me pertenecen a mí, pero a través del libro quiero rendir homenaje a todas aquellas personas que han pasado por lo mismo y también a aquellas que se han quedado por el camino convirtiéndose en números. Quiero darles voz a todos.

Es una necesidad, contar sobre toda esta gente que se ha quedado por el camino?

En el libro está todo lo que he vivido. Soy consciente de que no he llegado aquí porque soy el más fuerte o el más inteligente. Todo lo contrario. Era el más pequeño del grupo. He llegado aquí por pura casualidad y me siento como si me hubiera tocado el Euromillones, la gran lotería. El hecho de estar vivo, hace que tenga la gran misión de dar voz a todas aquellas personas con historias como la mía. Y, sobre todo, trabajar en el país de origen para que no haya más víctimas que caigan en esta trampa mortal.

Uno de tus testimonios, desconocido para mucha gente, es que hay más muertos en el desierto que en el mar Mediterráneo.

Para que se hagan una idea … Salí con un grupo de 46 personas de mi país. Tardamos casi tres semanas en atravesar el desierto y sólo 6 llegamos vivos a Libia. Esto sin contar los cadáveres de otros grupos que íbamos encontrando por el camino. El desierto es un infierno que no se merece nadie. No llegamos a comer carne humana, pero sí a orinar para beber. El infierno no está allí arriba. Está aquí en la tierra y se llama desierto.

También están todas las mafias que se aprovechan de esta gente…

En todas partes hay buena y mala gente. Es una lucha por la supervivencia, pero llevar un grupo de personas por el desierto sin tener conocerlo es literalmente un asesinato en masa. Esto es lo que hacen los traficantes de personas en el norte de África.

Cuando llega una patera, nos fijamos con las madres que llevan a sus hijos en brazos y pensamos que se ha podido salvar una familia, pero la realidad es que estas mujeres son víctimas de violaciones.

Las vivencias de este libro me pertenecen a mí, pero las tragedias que relato pertenecen al continente africano. Ninguna mujer realiza este trayecto sin ser violada. La gente se fija en la imagen de las mujeres con sus hijos en brazos, pero no conocen la historia real que hay detrás. En Libia hay mucha prostitución. Las mujeres se venden como si fueran cabras o gallinas en el mercado.

Hace varios años que estás en Cataluña. Cuéntanos cómo te acogieron y tu espíritu de superación, que sirve de ejemplo para otras personas.

Pensaba que los blancos eran ingenieros o médicos por el simple hecho de ser blancos. Cuando llegué a Cataluña estuve un mes y medio viviendo en la calle, pero tuve la suerte de que una familia me quiso acoger y estuvieron dispuestos a ser mis tutores legales. Se convirtieron en mi familia adoptiva, mi familia catalana. A partir de ahí, volví a nacer. Aprendí a leer y escribir en catalán y castellano para conseguir el graduado escolar. Después hice bachillerato y estudié química en la Universidad de Barcelona. Quería entender si la magia negra existe (mi padre biológico era chamán) o si las cosas se pueden explicar a través de la ciencia. También estudié Relaciones Públicas y Marketing, y el año pasado acabé el máster en dirección de Cooperación Internacional de ESADE. Tras descubrir que los blancos no son ingenieros por ser blancos, sino que han estudiado, entendí que querer es poder. Es uno de mis lemas y lo intento transmitir a los demás. No me considero una persona exitosa. Soy un fracasado, pero nunca he perdido la ilusión. Tal y como dice el filósofo Churchill: “El éxito es una acumulación de fracasos sin perder el entusiasmo”. Precisamente la ilusión es lo que no he perdido nunca.

Eres muy crítico con la cooperación, especialmente en el modo cómo se están enfocando algunos tipos de ayudas. Por eso has creado la ONG Nasco Feeding Minds.

Lo más importante es el eslogan Feeding Minds (alimentando mentes). En esta sociedad hay una idea bastante extendida que dar arroz en África es ayudar al continente. Desde mi punto de vista, de esta manera lo único que se consigue es que África sea dependiente de Occidente. En cambio, si alimentamos las mentes, hacemos que la gente espabile y se puedan salvar ellos mismos. Esto lo he demostrado desde 2012 hasta ahora. Empecé mi proyecto con 850 alumnos y ahora son 11.000. Tenemos resultados, incluso algunos de los chicos que empezaron, ahora son profesores en estas escuelas. Ahora son ellos que enseñan a los demás. Creo que la solución está allí y no aquí. Sinceramente, cuando empecé en 2012 con la ONG no me esperaba que llegaría a cambiar tantas vidas y que hoy estaría hablando aquí. Por mi escuela han pasado 11.000 niños sin recibir ninguna ayuda ni subvención de la administración. Ha sido posible gracias a la colaboración de amigos cercanos o personas que me han conocido y han decidido colaborar con mi proyecto, y de mi propio bolsillo. También he escrito este libro (Viaje al País de los blancos) para dar voz a estas personas y recaudar dinero para sostener estas 19 escuelas que tenemos actualmente en Ghana. No lo he escrito para hacerme famoso. Ahora, el proyecto se ha hecho muy grande y se me va de las manos . No lo puedo sostener yo solo. Necesito ayuda económica para poder pagar a los profesores. Precisamente este es uno de los motivos por los que he decidido escribir este libro.

Viajas a Ghana muy a menudo?

Voy bastante, con mi ONG. Fui en febrero para abrir nuevas escuelas y en verano volveré a ir acompañado de voluntarios. Aparte de la ayuda económica para mantener la ONG, nos hacen falta voluntarios que quieran viajar con nosotros para aportar su granito de arena. A través de nuestra página web (www.nascoict.org), quien quiera puede apuntarse para viajar personalmente conmigo y mi hermano (él lleva la ONG en Ghana) para enseñarles la realidad de allí y entender los problemas y dificultades que hay en ese país, para que entiendan la motivación de muchos ghaneses para salir de allí y emprender un viaje tan arriesgado como atravesar el desierto y el mar.

Dices que es imposible ayudar a una persona sin conocerla, ¿también lo es entender que África no es un país?

No! En absoluto. Me hace mucha gracia, porque todo el mundo habla de África como si fuera un único país mientras que África es uno de los continentes más grandes del mundo (54 países). Y cada uno de esos países es un mundo. Pensar en África como un país es una gran falta de respeto. Allí hay una importante falta de formación e información, pero aquí también hay un poco.

 

Viaje al País de los Blancos

 

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