No me llames extranjero

Rafael Amor (Buenos Aires, Argentina, 1948) se considera un juglar, un cronista de lo cotidiano, un narrador de paisajes interiores. Si bien su carrera artística ha transcurrido a la sombra de los grandes fenómenos de la canción sudamericana, muchas de sus composiciones han llegado al gran público a través de las gargantas de Alberto Cortez, Facundo Cabral, Mercedes Sosa y otras voces capitales. En 1973 se estableció en España, donde con su voz tierna pero mordaz continuaría desarrollando un cancionero inconformista y comprometido.

En 1976 escribió “No me llames extranjero”, una invitación a reflexionar sobre la condición de migrante que, desgraciadamente, sigue vigente. Él mismo explicaba el origen de dicha canción en una introducción aparecida en el disco “El Cantavidas” (Factoría Autor, 2008) que reproducimos aquí.

Era una fría mañana de invierno en Madrid y una larga cola de extranjería. Cada tres meses había que presentarse para renovar aquello de “la permanencia”; con el alma en un hilo porque en cualquier momento podías quedar o “ilegal” o deportado. En el mío y en la mayoría de los casos de los sudamericanos que integrábamos la corriente migratoria de los sesenta, aquello era imposible…, no podíamos volver a nuestras tierras, éramos exiliados.

Yo llevaba más de dos años en España y buscaba con afán la residencia. Esta era la tercera vez que la solicitaba y estaba resignado de antemano a que me fuera denegada.

La mañana transcurría lenta y helada. Previo pacto con los componentes de la cola, me fui a tomar un carajillo en un barcito de enfrente y mientras me iba calentando un poco, escribí unas palabras, las de No me llames extranjero y después de copiarlas en varias servilletas, presenté aquel papel tan significativo para mi.

No sé si ya me correspondía que me la otorgaran o por influjo de aquel poema, me dieron la residencia. Tal vez pensaron: “Este nos va a seguir bombardeando con estas cosas, hay que dársela para que deje de joder”; o tal vez puede que les conmovieran aquellas palabras…, todo puede ser.

El asunto es que No me llames extranjero con los años se ha convertido en un himno que se canta en muchas partes del mundo y es bandera de los desheredados. Hay que decir también que en estos días tiene más vigencia que entonces porque las xenofobias se han disparado, lo que hace que sea una canción urgente y de resistencia, clamando por la universalidad humana desde la clase de los desposeídos, los pobres, que son en definitiva los únicos extranjeros siempre, cuando emigran por un pan y un poco de felicidad.

 

 

NO ME LLAMES EXTRANJERO

No me llames extranjero porque haya nacido lejos
o porque tenga otro nombre la tierra de donde vengo
No me llames extranjero porque fue distinto el seno
o porque acunó mi infancia otro idioma de los cuentos
No me llames extranjero si en el amor de una madre
tuvimos la misma luz en el canto y en el beso
con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho

No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo
mejor saber dónde vamos, adónde nos lleva el tiempo
No me llames extranjero porque tu pan y tu fuego
calmen mi hambre y mi frío, y me cobije tu techo
No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo
tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego
y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de nuevo

Y me llamas extranjero porque me trajo un camino
porque nací en otro pueblo, porque conozco otros mares
y un día zarpé de otro puerto
si siempre quedan iguales en el adiós los pañuelos
y las pupilas borrosas de los que dejamos lejos
y los amigos que nos nombran y son iguales los rezos
y el amor de la que sueña con el día del regreso

No, no me llames extranjero, traemos el mismo grito
el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre
desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras
antes que vinieran ellos, los que dividen y matan
los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños
ellos son, ellos son los que inventaron esta palabra: extranjero

No me llames extranjero, que es una palabra triste
que es una palabra helada, huele a olvido y a destierro
No me llames extranjero, mira tu niño y el mío
cómo corren de la mano hasta el final del sendero
Nos los llames extranjeros, ellos no saben de idiomas
de límites, ni banderas, míralos, se van al cielo
por una risa paloma que los reúne en el vuelo

No me llames extranjero, piensa en tu hermano y el mío
el cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo
ellos no eran extranjeros, se conocían de siempre
por la libertad eterna e igual de libres murieron
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos
Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo
Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero

 

Rafael Amor en un detall del disc “El Cantavidas”.

 

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