Mare Nostrum

Los Enemigos siempre ha sido uno de los grupos más insobornables del rock español. Se gestaron a mediados de los ochenta, entre el boom de la Movida y el auge del punk y el garaje en el barrio madrileño de Malasaña. En “Vida Inteligente” (2014), tensaban guitarras sobre un tratado de conciencia social redactado desde la indignación y muy ligado a momentos de desestabilidad social.

Al 2015 y a través de un texto en las redes, el compositor Josele Santiago explicó el origen de la canción “Mare Nostrum”, que aborda el drama permanente del Mediterráneo:

“Del mismo modo que en “Firme Aquí” me senté en una de las mesas de una sucursal bancaria y me metí en el pellejo de un empleado, en “Mare Nostrum” hago lo propio en una patera y quien toma la palabra es uno de los miles de hombres y mujeres que, sin aliento, muertos de miedo y al borde de la hipotermia, reman día tras día sobre el abismo mientras sueñan con un paraíso que no existe: Europa.

Acababa de leer en el periódico la tragedia de la isla de Lampedusa y, bueno, quise hacer algo. Aunque sólo fuera una canción. Aún no había empezado el éxodo desde Oriente, pero hace ya demasiado tiempo que, al contemplar las soleadas y azules aguas del mar Mediterráneo, no puede uno evitar indignarse y sentir una insondable desolación.

Qué lejos quedan los tiempos de la maravillosa canción de Serrat. Nuestro mar es ahora, bajo la indiferencia de yates de lujo y estúpidos cruceros, una inmensa fosa común. Y ni siquiera la incomparable luz que reflejan sus aguas puede ocultar la vergüenza que sabemos sumergida en el fondo. Imagínenselo pintado por Goya y váyanse luego de fiesta.”

 


 
 

MARE NOSTRUM

Espumarajo y sal, abismo vertical, estruendo.
Remota inmensidad, tragándose nuestro ingenio.
Norte de mis sueños.
Enorme vuestro dios, gélido, atroz y eterno.
Los nuestros ya sin voz, se nos han quedado pequeños.
Norte de mis sueños.
Espléndido país, próspero y civil gobierno,
nadamos hacia ti, metidos en nuestros barreños.
Norte de mis sueños.

 

Dibuijo de un niño durante una sessión de trabajo en el campo de refugiados de Moria, Lesvos, Grècia. Foto: Alessio Mamo / The Guardian.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *