L’arbre, el riu, l’home

Estant exiliat a París, víctima de la dictadura militar argentina, l’escriptor Julio Cortázar acostumava a jugar llargues partides d’escacs al costat d’un altre exiliat no menys cèlebre, Héctor Roberto Chavero, més conegut com Atahualpa Yupanqui. En aquella època va escriure “El árbol, el río, el hombre”, un poema que narra la tragèdia d’un home que viu exiliat. Va ser entre moviments al tauler que Cortázar va confiar aquest poema a Yupanqui, qui més endavant el recitaria en directe sobre una melodia popular catalana, “El testament d’Amèlia”, que el compositor barceloní Miquel Llobet i Solés havia adaptat a la guitarra.

 

 

EL ÁRBOL, EL RÍO, EL HOMBRE

Al árbol ya cortado
no lo claves en tierra,
porque su copa seca
no engañará a los pájaros.

Al río que discurre
no le levantes diques,
porque en el aire libre
cabalgarán las nubes.

Al hombre desterrado
no le hables de su casa.
La verdadera patria
caro la está pagando.

El árbol ya cortado
el río que discurre
y el hombre desterrado
caro lo están pagando.

 
 
Tanto vivir entre piedras,
yo creí que conversaban;
gozos no ha sentido nunca,
pero el alma no me engaña.

Algún algo han de tener,
aunque parezcan calladas:
temblor, sombra o qué sé yo,
igual que si conversaran.

¡Ojalá pudiera un día
vivir así sin palabras!
¡Ojalá pudiera un día
vivir así sin palabras!

Al hombre desterrado
no le hables de su casa.
La verdadera patria
caro la está pagando.

 

Atahualpa Yupanqui

 

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